Cuando el gobierno se preocupa por disminuir el índice de analfabetismo en las provincias, otras definiciones parecen surgir para problematizar la cuestión. Conocer el alfabeto, y saber leer y escribir, es condición necesaria pero no suficiente.
La Real Academia Española define a la persona analfabeta como aquella que no sabe leer ni escribir. Toda persona que no conoce el alfabeto. Que no puede siquiera firmar su nombre. Por otro lado, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) utiliza el término de analfabeto funcional para definir a todo aquel que conoce las letras y sabe leer y escribir pero que no puede utilizarlo para estar incluido en la sociedad. Que no puede comprender, interpretar, ni reescribir un texto, lo que en términos prácticos significan acciones vedadas de la realidad social: leer los nombres de las calles, la receta de un médico, las instrucciones de cualquier aparato, la carta de un amigo. Esta redefinición del analfabetismo fue creada con el fin de ahondar más aún en los datos arrojados al conocimiento público por los censos oficiales. Importa no solo conocer el alfabeto, sino poder ponerlo en práctica y hacer de ese aprendizaje, un material cultural “funcional” de acuerdo a las necesidades sociales y económicas que todo ciudadano podría y debería afrontar.
Rosario nació en 1946 en Paraguay, y desde los 15 años vive en el conurbano bonaerense. Tiene cuatro hijos, trabaja como personal de limpieza en casas de familia y recién el año pasado aprendió a leer y escribir.
Tuve que dejar la escuela porque había empezado a trabajar y faltaba mucho a clase. Yo ya no quería ir más y mi mamá no me dijo nada, así que no fui más. Rosario vivió una situación que como mamá trata de evitar que padezcan sus hijos, no permite que falten a menos que estén enfermos. Desde chicos los animaba a ir y los mentalizaba de lo importante que era estudiar. Hasta que con el tiempo se fue haciendo cada vez más difícil. A medida que los chicos iban creciendo y pasando de grado en grado los consejos de Rosario parecían no tener importancia y se quedaba atrás.
Ya no soportaba no poder ayudar a los chicos con las cosas de la escuela. Sentía que se avergonzaban mucho de mi, y seguro que lo hacían aunque nunca me animé a preguntarles. Trataba de ocultarlo a los que no la conocían y de restarle significado para aquellos que la veían todos los días hasta que un día escuchó que la vecina de la casa en la que trabajaba daba clases particulares.
Sinceramente pensé que venía a preguntar porque algún hijo necesitaba apoyo escolar, no me imaginé que fuese ella la alumna. Y nunca me había pasado tener que enseñar algo que para mi era tan básico y natural, a un adultocontaba Soledad de 23 años.
Pero ni bien me contó como era vivir sin saber leer y escribir me entusiasmé tanto, que comenzamos enseguida. La única condición que pidió Rosario, era que estuvieran solas, ya que a pesar de haberse animado a dejarse enseñar, la vergüenza era latente.
El abandono escolar podría ser considerado una de las principales causas del analfabetismo, sobre todo si se produce en los primeros años. Según datos relevados por la Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa (DiNIECE) en la Argentina, la tasa de abandono interanual 2003-2004 indica que un 1.8% de alumnos abandonan la escuela de primero a sexto grado. Dicha tasa representa el porcentaje de alumnos que no se matriculan en el año lectivo siguiente. Entonces al mirar dentro del porcentaje total de todo el país en cada año, se nota que el mayor índice de deserción se encuentra en 6º grado, un 3.67% de argentinos no continúa en 7º. Pero la tasa de abandono no difiere tanto en los chicos de 1º grado, un 2.57% no sigue en la escuela al año siguiente. El primer grado es en muchos casos el lugar en el que se enseña a leer y escribir, y si dejar en sexto significa no avanzar en la evolución educativa oficial, dejar el primer grado significa no iniciar correctamente dicho camino. Un mal comienzo no puede desencadenar correctamente sin el apoyo necesario. No siempre se cuenta con una familia que pueda contener este vacío escolar, y muchas veces es el entorno del hogar lo que lentamente induce al chico a abandonar, si no es una obligación directa para comenzar una etapa laboral temprana. Cuando el abandono se produce luego de aprender los conocimientos básicos, cuando se sabe leer y escribir pero no se continúa en la escuela, se produce lo que la UNESCO identifica como “analfabeto funcional”.
Las Naciones Unidas declararon la Década de la Alfabetización 2003-2012. Esto dio impulso en nuestro país al Programa Nacional de Alfabetización y Educación Básica para Jóvenes y Adultos, por parte del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. Alfabetizadotes voluntarios se reúnen en distintos centros, que pueden ser casas de familia, sociedades de fomento, comedores escolares, etc. Para enseñar a leer y escribir a toda persona mayor de 15 años que quiera aprender.
Analfabeto, funcional o no, es un elemento social que necesita ser erradicado, por aquellos que pueden leerlo y hacer lo necesario para ello.
Como si faltaran analfabetos, también los hay digitales
Los analfabetos digitales crecen día a día en el país. Mientras que en el nido cibernético los minutos significan avances tecnológicos, en la Argentina, según el estudio sobre consumos culturales de la Secrretaría de Medios de la Nación, el 85,7% de hogares no tenía conexión a Internet a fines de 2007. Si bien este tipo de analfabetismo no significa un problema inmediato para la persona significa igualmente la exclusión social. No saber que es un navegador de Internet, no haber navegado nunca, no poder diferenciar la redacción epistolar de la de un mail, no conocer el formato Mp3, son índices del analfabetismo cultural. Muchos lo son y no les interesa dejar de serlo, muchos no están al tanto de su falta de conocimiento y lo que ello implica.