jueves, 25 de septiembre de 2008

Condición que no desaparece

Analfabetismo en Argentina

Cuando el gobierno se preocupa por disminuir el índice de analfabetismo en las provincias, otras definiciones parecen surgir para problematizar la cuestión. Conocer el alfabeto, y saber leer y escribir, es condición necesaria pero no suficiente.

La Real Academia Española define a la persona analfabeta como aquella que no sabe leer ni escribir. Toda persona que no conoce el alfabeto. Que no puede siquiera firmar su nombre. Por otro lado, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) utiliza el término de analfabeto funcional para definir a todo aquel que conoce las letras y sabe leer y escribir pero que no puede utilizarlo para estar incluido en la sociedad. Que no puede comprender, interpretar, ni reescribir un texto, lo que en términos prácticos significan acciones vedadas de la realidad social: leer los nombres de las calles, la receta de un médico, las instrucciones de cualquier aparato, la carta de un amigo. Esta redefinición del analfabetismo fue creada con el fin de ahondar más aún en los datos arrojados al conocimiento público por los censos oficiales. Importa no solo conocer el alfabeto, sino poder ponerlo en práctica y hacer de ese aprendizaje, un material cultural “funcional” de acuerdo a las necesidades sociales y económicas que todo ciudadano podría y debería afrontar.
Rosario nació en 1946 en Paraguay, y desde los 15 años vive en el conurbano bonaerense. Tiene cuatro hijos, trabaja como personal de limpieza en casas de familia y recién el año pasado aprendió a leer y escribir.
Tuve que dejar la escuela porque había empezado a trabajar y faltaba mucho a clase. Yo ya no quería ir más y mi mamá no me dijo nada, así que no fui más
. Rosario vivió una situación que como mamá trata de evitar que padezcan sus hijos, no permite que falten a menos que estén enfermos. Desde chicos los animaba a ir y los mentalizaba de lo importante que era estudiar. Hasta que con el tiempo se fue haciendo cada vez más difícil. A medida que los chicos iban creciendo y pasando de grado en grado los consejos de Rosario parecían no tener importancia y se quedaba atrás.
Ya no soportaba no poder ayudar a los chicos con las cosas de la escuela. Sentía que se avergonzaban mucho de mi, y seguro que lo hacían aunque nunca me animé a preguntarles
. Trataba de ocultarlo a los que no la conocían y de restarle significado para aquellos que la veían todos los días hasta que un día escuchó que la vecina de la casa en la que trabajaba daba clases particulares.
Sinceramente pensé que venía a preguntar porque algún hijo necesitaba apoyo escolar, no me imaginé que fuese ella la alumna. Y nunca me había pasado tener que enseñar algo que para mi era tan básico y natural, a un adulto
contaba Soledad de 23 años.
Pero ni bien me contó como era vivir sin saber leer y escribir me entusiasmé tanto, que comenzamos enseguida
. La única condición que pidió Rosario, era que estuvieran solas, ya que a pesar de haberse animado a dejarse enseñar, la vergüenza era latente.
El abandono escolar podría ser considerado una de las principales causas del analfabetismo, sobre todo si se produce en los primeros años. Según datos relevados por la Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa (DiNIECE) en la Argentina, la tasa de abandono interanual 2003-2004 indica que un 1.8% de alumnos abandonan la escuela de primero a sexto grado. Dicha tasa representa el porcentaje de alumnos que no se matriculan en el año lectivo siguiente. Entonces al mirar dentro del porcentaje total de todo el país en cada año, se nota que el mayor índice de deserción se encuentra en 6º grado, un 3.67% de argentinos no continúa en 7º. Pero la tasa de abandono no difiere tanto en los chicos de 1º grado, un 2.57% no sigue en la escuela al año siguiente. El primer grado es en muchos casos el lugar en el que se enseña a leer y escribir, y si dejar en sexto significa no avanzar en la evolución educativa oficial, dejar el primer grado significa no iniciar correctamente dicho camino. Un mal comienzo no puede desencadenar correctamente sin el apoyo necesario. No siempre se cuenta con una familia que pueda contener este vacío escolar, y muchas veces es el entorno del hogar lo que lentamente induce al chico a abandonar, si no es una obligación directa para comenzar una etapa laboral temprana. Cuando el abandono se produce luego de aprender los conocimientos básicos, cuando se sabe leer y escribir pero no se continúa en la escuela, se produce lo que la UNESCO identifica como “analfabeto funcional”.
Las Naciones Unidas declararon la Década de la Alfabetización 2003-2012. Esto dio impulso en nuestro país al Programa Nacional de Alfabetización y Educación Básica para Jóvenes y Adultos, por parte del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. Alfabetizadotes voluntarios se reúnen en distintos centros, que pueden ser casas de familia, sociedades de fomento, comedores escolares, etc. Para enseñar a leer y escribir a toda persona mayor de 15 años que quiera aprender.
Analfabeto, funcional o no, es un elemento social que necesita ser erradicado, por aquellos que pueden leerlo y hacer lo necesario para ello.

Como si faltaran analfabetos, también los hay digitales
Los analfabetos digitales crecen día a día en el país. Mientras que en el nido cibernético los minutos significan avances tecnológicos, en la Argentina, según el estudio sobre consumos culturales de la Secrretaría de Medios de la Nación, el 85,7% de hogares no tenía conexión a Internet a fines de 2007. Si bien este tipo de analfabetismo no significa un problema inmediato para la persona significa igualmente la exclusión social. No saber que es un navegador de Internet, no haber navegado nunca, no poder diferenciar la redacción epistolar de la de un mail, no conocer el formato Mp3, son índices del analfabetismo cultural. Muchos lo son y no les interesa dejar de serlo, muchos no están al tanto de su falta de conocimiento y lo que ello implica.

lunes, 11 de agosto de 2008

Emiliano Galli

Comercio Exterior
La Nacion


Día de semana, se acerca el horario de fuga de oficinas de microcentro. En Bouchard 557 hay gente en la puerta, en la recepción, caminando en los pasillos, en los ascensores. A muchos todavía les quedan algunas horas de trabajo en la redacción del diario La Nación, a Emiliano Galli no. Trabaja en Comercio Exterior, y luego de varios años logró el lujo de retirarse a casa al atardecer, y ni hablar de los francos sábados y domingos.
- Este laburo suele complicarse con la familia. Yo tengo la suerte de manejar mis tiempos porque salimos semanalmente. Pero éste es un ambiente de presión. Hay que saber poner los límites, porque el trabajo es lo que está pasando, y no deja de pasar a la noche o cuando estás haciendo otra cosa. Yo salgo del diario y sigo en el diario.
Licenciado en periodismo, recibido en la Universidad del Salvador (USAL), Emiliano Galli trabaja en La Nación desde hace ya nueve años.
- Nunca fue mi intención estudiar periodismo. Fui a un colegio italiano humanista y cuando terminé no tenía idea de que quería estudiar. Entonces, hice lo que en ese momento hacían los chicos de 17 años y que creo siguen haciendo: el famoso test de orientación o desorientación vocacional. Dentro de las opciones estaban profesor de inglés y periodista.
Un amargo e inesperado resultado en un examen de inglés lo hizo cambiar de orientación y decidió probar suerte con alguna de las otras opciones arrojadas por el test.
- Antes que buscar algo que me hiciera feliz esperaba encontrar algo que me diera trabajo. Y como era marzo y tenia que, si o si, empezar una carrera porque sino mi viejo me cortaba las piernas, empecé a buscar algo que no necesitara curso de ingreso.
Así comenzó su carrera en la sede de Pilar de la USAL, a ciegas y casi sin pensarlo. Y terminó más o menos de la misma manera. En quinto año fue reclutado por La Nación que buscaba los mejores promedios. Le ofrecieron una beca para hacer algunos trabajos de redacción en la sección Campo.
- Me duele un poco porque no solo mientras estudiaba sino también ahora veo muchos chicos que son brillantes como periodistas y que no encuentran trabajo, y yo sin mucho esfuerzo estoy acá. Yo me considero afortunado y con mucha culpa. Por eso, me lo tomo con la doble responsabilidad. Además, esto que para muchos es una vocación para mi es un trabajo.
Durante esa beca, en una de sus primeras entrevistas como profesional tuvo la oportunidad de probar una de sus teorías que básicamente consistía en preguntar TODO durante las entrevistas pero al terminar, darle la oportunidad al entrevistado de quitar algo que no hubiese querido decir o de corregir lo que quisiera.
- Fue un verdadero bochorno. Nos reunieron a todos los pasantes para tener una charla con unos escribanos y nos dijeron que NUNCA diéramos la oportunidad de corregir lo que ya se había dicho. Me sentí el peor de los periodistas. La cara de vergüenza que debo haber puesto en ese momento...
Dice sentirse ajeno al mundo laboral al que pertenece y que siente tristeza por los chicos que comienzan la carrera.
- Es una profesión muy invasiva, de muy poca autoestima. Sólo unos pocos logran el reconocimiento. Hay muchos periodistas y no todos son columnistas. Tampoco hay mucha posibilidad de ascender y es la pura exposición propia. El que cubre cada cosa esta ahí para decir lo que se está haciendo mal y como debería hacerse, pero nunca va a estar ahí para hacerlo. El periodista habla nada más.
Profesional de un periodismo cerrado, siente orgullo por haber tratado alguna vez aquellos temas desconocidos por la mayoría que luego alcanzaron el nivel del reconocimiento.
- Por ejemplo, el biodiesel que ahora es tan importante y recurrente, no solo por una cuestión de negocios sino porque ahora es tema de ley y demás, recuerdo haberlo tratado en una nota cuando nadie sabia que era. Me toco descubrirlo.
Con cierta angustia recuerda épocas distintas del diario. Luego de la crisis trascurrida a partir del 2001, pudo desarrollar sus potenciales habilidades educativas en la redacción de las notas.
- La Argentina había cambiado y con ella el diario. Tuvimos que cambiar nuestra línea editorial porque había una demanda del mercado de lectores que buscaba información, servicios y no la encontraba. Pequeños comerciantes que vieron la oportunidad de incrementar las ganancias exportando. De hablarle a la industria empezamos a hablarle a las PYMES.

En Comunión con Dios


La mayoría de once años, se preparan para una de las más importantes celebraciones que atravesarán en sus vidas como católicos, la primera comunión. Tal vez sin entender su verdadero significado, niños y niñas caminan convencidos hacia el familiar rostro del padre Ariel, responsable de que un trozo de pan y un poco de vino sacramental se conviertan, con el poder de la fe católica, en el cuerpo y la sangre de Cristo, salvador de todos los hombres.

Los chicos cursan el 4º grado del Colegio Santo Tomás de Aquino, de enseñanza católica, en la ciudad de Campana y están a punto de tomar uno de los siete sacramentos de la Iglesia Católica Apostólica Romana: bautismo, primera comunión, confirmación, penitencia, unción de los enfermos, matrimonio y orden sagrado. “Comunión le decimos porque es la primera vez que tendrán el cuerpo y la sangre de Cristo, juntos con los propios” dice Ariel, el cura del colegio, minutos antes de entregar directamente en la boca de los primerizos, una lámina de harina de trigo sin levadura del tamaño de una moneda, o lo que es lo mismo, el cuerpo de Dios.

Ariel Rodríguez ha cumplido esta tarea con dedicación durante más de 15 años, cuando el colegio apenas comenzaba sus actividades en la ciudad portuaria. “Acompañar a los chicos después de tantos años es lo más gratificante. Algunos ex alumnos que conocí en sus primeros años en la escuela todavía me saludan cuando me ven en la calle, me presentan a sus hijos.” Para muchos de los alumnos del Colegio ha sido el encargado de darles su primera comunión, la Confirmación – otro de los siete sacramentos-, y algunos hasta lo han buscado para que los una en Sagrado matrimonio. “Para muchos el padre Ariel es un amigo más. Lo conocemos desde hace años y nos conoce mejor que muchos de nuestros amigos” comenta Jorge, hermano mayor de uno de los chicos que recibirá el cuerpo de Dios por primera vez. Jorge fue elegido por su hermano para ser su padrino, rol que cumplirá de por vida, para guiarlo en el camino de Dios y acompañarlo cuando sus padres no puedan hacerlo.

La tarea más importante de Ariel como sacerdote en una celebración como lo es La Primera Comunión, es la Eucaristía: la “consagración” de la lámina de trigo llamada hostia y el vino sacramental, en el verdadero cuerpo y sangre de Cristo. Mientras todos los que atienden a la misa permanecen de rodillas y con la cabeza gacha, el sacerdote invoca al Espíritu Santo usando las mismas palabras que Jesús pronunció en la Última Cena que compartió con sus apóstoles antes de ser crucificado. “Tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo: «Tomad, este es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos» AMEN”. Una vez dichas estas palabras y cuando todos hayan pronunciado el saludo “AMEN”, la música del coro de la Iglesia los acompañará por el pasillo central hacia el altar donde recibirán directamente en sus bocas el cuerpo de su Salvador.

Dentro del grupo de niños agasajados, las mujeres estaban vestidas con una túnica blanca, que demuestra su pureza y los hombres con pantalón de vestir gris, camisa blanca y corbata del mismo color, todos de estreno. “Mi mamá me vistió y me puso perfume mientras lloraba, y me dijo que estaba grande, y que a partir de hoy me iba a poder acercar al altar para recibir a Dios cuando quisiera”, contó Julieta de 12 años, algo preocupada también por tener que tomar el vino que generalmente acompaña a la hostia.

“Mi mamá me prometió el celular. Si no me alcanza con lo que me regalen hoy, ella me dijo que me regalaba el dinero que faltara” comentaba Mateo a uno de sus amigos en voz baja. La tradición permite que los niños católicos que toman su primera comunión reciban una donación, generalmente hecha en dinero, a cambio de las estampitas típicas del sacramento, que muestran ángeles, niños y niñas pastores con sus ovejas, y palomas, la última representando al Espíritu Santo, una de las tres formas de la divinidad, junto con el padre y el hijo Jesucristo. Se reparten a la salida de la Iglesia, tratando de disimular la alegría de recibir dinero a cambio. Luego cada uno parte a su casa donde la torta blanca y amarilla los espera junto con los souvenirs, porque no es para menos. La primera comunión es la primera gran celebración que toda persona católica festeja con orgullo y fe en Dios.

Túnicas blancas, palabras mágicas y vino sacramental son los ingredientes de la receta de salvación que estos y todos los niños católicos degustarán cada vez que lo deseen, siempre y cuando, no pierdan la fe.

miércoles, 28 de mayo de 2008


La primera edición de la Revista Oral del año 2008, presentada por la secretaría de Cultura de la Nación tuvo lugar en la 34º Feria Internacional del Libro. Varias secciones de una pequeña revista fueron dadas a conocer en vivo y a través de la palabra oral. Un pensado lector se transformó así en un sorprendido oyente.

La sala estaba llena y todos esperaban el comienzo. El psicólogo y locutor Tom Lupo fue el encargado de presentar y articular las distintas partes de la revista que se unían, o intentaban hacerlo, en un tema en común: el Bicentenario. “Bienvenidos, por favor les pedimos silencio. Como ustedes sabrán la edición de toda revista se termina a último momento. Por eso les pedimos disculpas por la tardanza en comenzar y silencio para poder hacerlo lo más pronto posible”, decía Lupo mientras la gente elegía lugares en la sala. La editorial estuvo a cargo del sociólogo y profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Pablo Alabarces que luego de hacer una pequeña reseña de aquel 25 de mayo de 1810 reformuló para los presentes “lectores” la tradicional frase de la época resultando “el pueblo no quiere seguir sabiendo de que se trata”.

Entre página y página de esta publicación efímera el músico francés Brian Chambouleyron tocaba la guitarra y entonaba temas gauchescos que incitaron al público a seguirlo en voz baja y con las palmas. La sección de la entrevista estuvo a cargo del multifacético historiador y actor, crítico teatral Jorge Dubatti, quien introdujo a Maristella Svampa , socióloga e investigadora argentina en el debate. “Vos pasaste de la filosofía a la sociología ¿Cómo se hace un intelectual?”. “Lo que pasa es que hay un etiquetamiento de las disciplinas en la argentina” dijo Svampa. “Yo no creo en las fronteras disciplinarias. Me recibí de socióloga en la Argentina después de tener un doctorado en sociología en el exterior”, explicó la mujer que recibió el doctorado en l'Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, en París, en junio de 1992.

Así, luego de hora y media de debates unipersonales sobre lo que lejanamente se puede relacionar con el Bicentenario, le tocó turno a la “intérprete de música popular” Laura Albarracín . La acompañaron dos músicos, en percusión y guitarra, para tocar temas tradicionales argentinos que el público reconoció y siguió el canto sin vergüenza, como si realmente se disfrutara algo leyendo, en la intimidad.

viernes, 2 de mayo de 2008

Un recuerdito


En mi familia siempre fue todo un viaje ir a la Feria del Libro. Para mi significaba comer en Mc Donald´s. En Campana no teníamos así que una hamburguesa era lo prometido cuando estabamos en capital.

WILLKOMMEN

Buenas...