Comercio Exterior
La Nacion
Día de semana, se acerca el horario de fuga de oficinas de microcentro. En Bouchard 557 hay gente en la puerta, en la recepción, caminando en los pasillos, en los ascensores. A muchos todavía les quedan algunas horas de trabajo en la redacción del diario La Nación, a Emiliano Galli no. Trabaja en Comercio Exterior, y luego de varios años logró el lujo de retirarse a casa al atardecer, y ni hablar de los francos sábados y domingos.
- Este laburo suele complicarse con la familia. Yo tengo la suerte de manejar mis tiempos porque salimos semanalmente. Pero éste es un ambiente de presión. Hay que saber poner los límites, porque el trabajo es lo que está pasando, y no deja de pasar a la noche o cuando estás haciendo otra cosa. Yo salgo del diario y sigo en el diario.
Licenciado en periodismo, recibido en la Universidad del Salvador (USAL), Emiliano Galli trabaja en La Nación desde hace ya nueve años.
- Nunca fue mi intención estudiar periodismo. Fui a un colegio italiano humanista y cuando terminé no tenía idea de que quería estudiar. Entonces, hice lo que en ese momento hacían los chicos de 17 años y que creo siguen haciendo: el famoso test de orientación o desorientación vocacional. Dentro de las opciones estaban profesor de inglés y periodista.
Un amargo e inesperado resultado en un examen de inglés lo hizo cambiar de orientación y decidió probar suerte con alguna de las otras opciones arrojadas por el test.
- Antes que buscar algo que me hiciera feliz esperaba encontrar algo que me diera trabajo. Y como era marzo y tenia que, si o si, empezar una carrera porque sino mi viejo me cortaba las piernas, empecé a buscar algo que no necesitara curso de ingreso.
Así comenzó su carrera en la sede de Pilar de la USAL, a ciegas y casi sin pensarlo. Y terminó más o menos de la misma manera. En quinto año fue reclutado por La Nación que buscaba los mejores promedios. Le ofrecieron una beca para hacer algunos trabajos de redacción en la sección Campo.
- Me duele un poco porque no solo mientras estudiaba sino también ahora veo muchos chicos que son brillantes como periodistas y que no encuentran trabajo, y yo sin mucho esfuerzo estoy acá. Yo me considero afortunado y con mucha culpa. Por eso, me lo tomo con la doble responsabilidad. Además, esto que para muchos es una vocación para mi es un trabajo.
Durante esa beca, en una de sus primeras entrevistas como profesional tuvo la oportunidad de probar una de sus teorías que básicamente consistía en preguntar TODO durante las entrevistas pero al terminar, darle la oportunidad al entrevistado de quitar algo que no hubiese querido decir o de corregir lo que quisiera.
- Fue un verdadero bochorno. Nos reunieron a todos los pasantes para tener una charla con unos escribanos y nos dijeron que NUNCA diéramos la oportunidad de corregir lo que ya se había dicho. Me sentí el peor de los periodistas. La cara de vergüenza que debo haber puesto en ese momento...
Dice sentirse ajeno al mundo laboral al que pertenece y que siente tristeza por los chicos que comienzan la carrera.
- Es una profesión muy invasiva, de muy poca autoestima. Sólo unos pocos logran el reconocimiento. Hay muchos periodistas y no todos son columnistas. Tampoco hay mucha posibilidad de ascender y es la pura exposición propia. El que cubre cada cosa esta ahí para decir lo que se está haciendo mal y como debería hacerse, pero nunca va a estar ahí para hacerlo. El periodista habla nada más.
Profesional de un periodismo cerrado, siente orgullo por haber tratado alguna vez aquellos temas desconocidos por la mayoría que luego alcanzaron el nivel del reconocimiento.
- Por ejemplo, el biodiesel que ahora es tan importante y recurrente, no solo por una cuestión de negocios sino porque ahora es tema de ley y demás, recuerdo haberlo tratado en una nota cuando nadie sabia que era. Me toco descubrirlo.
Con cierta angustia recuerda épocas distintas del diario. Luego de la crisis trascurrida a partir del 2001, pudo desarrollar sus potenciales habilidades educativas en la redacción de las notas.
- La Argentina había cambiado y con ella el diario. Tuvimos que cambiar nuestra línea editorial porque había una demanda del mercado de lectores que buscaba información, servicios y no la encontraba. Pequeños comerciantes que vieron la oportunidad de incrementar las ganancias exportando. De hablarle a la industria empezamos a hablarle a las PYMES.
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